viernes, 24 de abril de 2009

BIENVENIDA REGIA


(Publicada el día 26 de enero del año 2005.)

Todas las ciudades representativas y las no tanto, de nuestro país, tienen su esencial característica; cuando escuchamos hablar de Puebla por ejemplo, inmediatamente nos viene a la mente la imagen de la ciudad de las iglesias, o si tenemos una memoria un tanto más “populachera”, pues se aparece en nuestra mente el producto más famoso de esa región: “El camote”... los motivos (por no decir su-motivo...) varían, pueden ser también los “pipopes”; si escuchamos Morelos, por supuesto que la “eterna primavera” se hace presente, los balnearios o los secuestros; todo menos el Héroe Nacional; escuchar de Baja California es imaginar inmediatamente los arcos de Los Cabos, la carrera Baja 1000 o Tijuana, el gran paso hacia el sueño americano... así las cosas, podríamos destacar inmensidad de características y singularidades de cada una de las ciudades de nuestro país.

Cuando no conocemos alguna ciudad y únicamente estamos familiarizados de “oídas” y por las cosas más representativas de la misma, esperamos que la ciudad sea solo eso. Cuando por primera vez llegué a la ciudad de Monterrey nunca imaginaba lo que encontraría, por supuesto que sin haber estado antes aquí, mi arribo fue todo conocimiento... tras un largo viaje que comenzó a las cinco de la tarde en la central de autobuses de Tepic, las primeras cinco horas fueron en paz y recorridos de reconocimiento, Guadalajara, Aguascalientes, poco después de las once de la noche, el viaje fue un verdadero sueño... dormido hasta cerca de las cinco de la mañana, desperté en la ciudad de Torreón, ahí empezó el total “on-toy”?, me sentía extraño, la ciudad totalmente desconocida para mi, no mostraba ningún signo de ser amable, se empezaba a sentir el ambiente de las ciudades fronterizas, autos chocolates, sombreros, botas, calor, desierto, “Fast Food”, casas de cambio, Dólares, mi desconocimiento era tal que ni siquiera sabía cuanto tiempo faltaba para arribar a mi destino, el autobús retomó su andar, en los asientos delanteros al mío conversaban dos personas: -que rápido viene al autobús, verdad, así a las 11 del día estaremos en Laredo... ¡¡¡Laredo!!! ¿Cómo?, ahora si estaba mas desconcertado que antes, si eran las cinco de la mañana y estábamos a seis horas de Laredo, ¿dónde estaba Monterrey?...pues a partir de ahí no me despegue de la ventanilla, me aprendí centímetro a centímetro todo el desierto, que es lo único que hay, no más... cerca de las ocho treinta llegamos a Saltillo, otra ciudad desconocida, para mi claro, pero al menos más ordenada... no imaginaba que la distancia que cubría mi boleto, estaba próxima a vencerse... por supuesto que mi saber y las "oidas" que tenia de la ciudad de Monterrey, consistían en: “El Cerro de la Silla, la Macroplaza, el “Tec” o ya de menos algún estadio de fútbol, de los trigres o los rayados, cualquiera de estas cosas era la que me indicaría la llegada a mi destino, así que mi atención se concentró aún más en el desierto, esperando que de pronto como de la nada, surgiera la señal, así debieron de sentirse los pioneros de Mexcaltitan hacia su búsqueda de su señal, el águila devorando la serpiente, justo donde tenían que instalar su nueva ciudad... en fin, a las nueve treinta, así de pronto dando una vueltita a una lomita, aparecieron enormes montañas, como salidas de una película, como escenografía digna de Hollywood, majestuosas y entre tal escenario montañoso, de la nada precisamente, aparecía una ciudad, grande por supuesto, pero sin ningún viso de ser, según yo, mi destino, en esos momentos me lamentaba de no haber sido constante en la clase de geografía en la secundaria, hacia esfuerzos por recordar que Estado o Ciudad o lugar había en el mapa entre Saltillo y Monterrey, debía ser grande pero no recordaba cual era, por supuesto que no era mi destino porque no había ninguna señal, me parecía ilógico que el majestuoso cerro de la Silla no se vislumbrará si esto era Monterrey, así que en la comodidad de mi asiento después de dieciséis horas y media de viaje, retomé mi atención a tratar de ver algún anuncio, letrero o publicidad, aunque fuera de alguna campaña política, porque en ocasiones son referencias infalibles... lo único que por ahí logre leer fue: “Bienvenidos a Santa Catarina”, pero sin saber ¿qué?...así que entre las magnificas montañas el autobús se enfiló hacia la terminal y sólo a escasos cien metros de arribar a ésta, escuché a dos compañeros de viaje: -Uff, por fin llegamos- ¿a dónde?, pensé yo... -está haciendo calor verdad- ¿en donde?... –Si, así es el clima aquí- ¿en dónde?... –a que ciudad tan loca- y seguí esperando escuchar en donde estábamos, cuando de pronto por ahí veo una señal, aún y cuando no era lo que esperaba, era una señal, no era el cerro de la silla, no era la Macroplaza, ni el Tec, mucho menos algún estadio ni de fútbol ni de béisbol, era un anuncio que rezaba: “Aquí no somos Tigres ni Rayados... aquí somos Regios”, la ingeniosa publicidad para anunciar la marca de papel sanitario “Regio, el acolchonadito” fue mi señal.

Por cierto que hasta ahora trato y trato de entender esta señal y concluyo: ¿Que puede uno pensar y esperar de la ciudad que lo recibe, con un anuncio de papel sanitario?...Continuará

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